Manuel Martínez.
Quiero vivir sin ti; quiero vivir
solo para mí. Pero, por más que lo intente, tu siempre estás ahí. Quería que me
dejaras en paz, hasta que me di cuenta que tú eras mi paz.
(Anónimo, Grafiti en la Ciudad de
México).
…Por consiguiente, en esas
revoluciones la resurrección de los muertos servía para glorificar las nuevas
luchas, no para parodiar las antiguas; para exagerar en la fantasía la misión
trazada, no para retroceder ante su cumplimiento en la realidad; para encontrar
de nuevo el espíritu de la revolución, no para hacer vagar otra vez a su
espectro.
(Marx, 2023, pág.
63).
A pesar de todo lo que se pueda decir
de Bad Bunny, ya sea de su estilo musical, los beats y géneros musicales que mezcla; ya sea de su estética, los
elementos visuales de sus álbumes o su vestuario; por más que constatemos que
se ha convertido en uno de los cantantes más escuchados del planeta -tan solo
detrás de Taylor Swift y The Weeknd (Spotify, 2024)-, todavía
falta responder una cuestión presente en su música, pero que pareciera que su
música no hace presente. ¿Por qué Bad
Bunny extraña, en sus letras, a sus exparejas? Está claro que él no fue ni
el primero ni el más innovador en cantar sobre relaciones amorosas desde una
perspectiva masculina. El ejemplo que se me viene primero a la mente es el ya
fallecido José José, que desde la
década de 1970 cantaba sobre desamores. Pero José José no es nada parecido a
Bad Bunny, independientemente de que ambos cantan géneros distintos. Y es que,
si uno presta suficiente atención a sus letras, se dará cuenta de que Bad Bunny
habla de una forma muy particular sobre las relaciones amorosas.
Independientemente de las vivencias personales que él exprese en sus canciones
(o a que personas en específico se las canta), sus letras pueden expresar otras
cosas. Así como Schütz (1993) recuerda que “un tema de la Novena Sinfonía tiene
significación en sí mismo, dejando totalmente de lado la cuestión de lo que
Beethoven trató de expresar con él” (pág. 63), un tema de Un Verano Sin Ti tiene (por poner un ejemplo) significación en sí
mismo, dejando totalmente de lado la cuestión de lo que Bad Bunny trató de
expresar con él. Es decir, a lo mejor Bad Bunny puede expresar en sus canciones
sentimientos y vivencias personales; pero los modos en los que los hace
-siguiendo a Schütz (1993)- requieren tipificaciones y acervos de conocimiento
que nos pueden decir mucho más de nuestras sociedades de lo que pensamos.[ii] Si
volteamos a ver, entonces, a las tipificaciones y acervos de conocimiento que
Bad Bunny deja ver en sus canciones con las relaciones amorosas, podemos volver
a plantear la pregunta del principio: ¿Qué
nos dice de nuestras sociedades el cómo Bad Bunny aborda a la intimidad, a las
relaciones amorosas?
Una pregunta como esa se
puede responder de diversas formas y con distintos métodos. Por ahora, haré un
análisis de las letras de sus canciones y la concepción del mundo que estas
generan. Este bosquejo puede hacerse de manera mucho más profunda, o también
mucho más superficial. Sin embargo, espero que las reflexiones y conclusiones
obtenidas basten para responder, aunque sea de manera provisional, a una
pregunta que me parece más interesante.
Fronteo, sufro; me individualizo.
En el cada vez más lejano 2017,
escuché a Bad Bunny por primera vez. En esa época estaba entrando a la
secundaria, y sus canciones fueron para mí completamente disruptivas. Jamás
había escuchado cantar a alguien -y comprender lo que decía- sobre sexo, lujos,
dinero, drogas. Fue una introducción tanto para mí como para mis amigos hacia
un mundo propiamente “adulto”. Desde ese entonces, se podía notar como uno de
los elementos principales en sus letras era el fronteo. El término frontear (que
viene del inglés “fronting”) describe “una manifestación de status y
autoafirmación que refuerza la mitología personal del artista” (Soufi, 2023).[iii]
Bad Bunny, como los raperos estadounidenses, hablaba en sus canciones
sobre autos, champaña, relojes, oro; todo esto le daba un aire de superioridad.
Pero Bad Bunny es muy distinto a los raperos estadounidenses. Y creo que un
buen punto de inicio para observar esta separación es en 2018 cuando, en su
primer álbum, X100PRE, sacó Otra Noche en
Miami.[iv]
Desde que la escuché por primera vez llamó por completo mi atención;
tenía un ritmo distinto a todo lo que él había sacado antes, y las letras
darían un giro de 180° sobre el cómo hablaba de una temática que no haría más
que hacerse presente: hablaba de un
fracaso amoroso.
Otra Noche en Miami no fue la primera vez en la que Bad Bunny hablaba de
relaciones amorosas. Ya en 2016 había sacado Soy Peor, donde cantaba sobre una ruptura amorosa; sin embargo, lo
hacía con un aire más de resentimiento que de otra cosa. Otra Noche en Miami era distinta: mostraba cierta vulnerabilidad.
Podemos ver esto en la mera estructuración de la letra. Él empieza hablando
sobre prendas lujosas, carros, modelos extranjeras, champaña Möet, dinero. Si sólo nos quedáramos con
ese fragmento, parecería un simple fronteo.
Sin embargo, el ritmo de la canción contrasta al ser más grave y apagado. Y,
después de mencionar los elementos de fronteo, dice lo siguiente:
Pa’l avenue Miami Beach e’ mi
dirección; Todo es superficial; Nada real; Nada raro que el dinero no pueda
comprar; Tejados con vista al mar; Es lo único que tengo pa’ poder pasar ; Otra
noche en Miami…; Otra noche sin ti.
¿Qué distingue a esta letra
de sus canciones anteriores? Es en Otra
Noche en Miami donde, de manera explícita, Bad Bunny no toma al fronteo
como un síntoma de bienestar. Al contrario, todas las posesiones que fronteaba eran lo único que tenía para
pasar otra noche en Miami; otra noche sin una exnovia. A partir de este punto,
en la canción Bad Bunny ya no fronteará,
sino que hablará sobre cómo extraña a esta ex pareja. Por esto Bad Bunny se
distingue completamente de los demás raperos (sean de los 90 o actuales) que frontean en sus canciones. Puesto que
los gangsta rappers fronteaban,
presumían; pero eso servía para mostrar una especie de invulnerabilidad
(Fisher, 2018). Bad Bunny, en cambio, se mostró abiertamente vulnerable; sin
que desapareciera el fronteo, expuso su intimidad. En Otra Noche en Miami hablaba de cómo extrañaba a su exnovia, a cómo
es que la vida que él tenía no es cómo la que tenía con ella. Estas son letras
nostálgicas, donde extrañaba algo que ya pasó y que no se volverá a repetir. En
otra parte de la canción, dice lo siguiente: “Y en el garaje está el Bentley
que tanto querías; Me monto pa’ fumar, pensando que lo guías; ya me cansan los
threesome’ y las orgías; ya me cansé que mi vida siga vacía”.
Aquí, podemos identificar tres
elementos distintos. En primer lugar, a un Bentley, auto lujoso; en segundo,
una alusión al consumo de marihuana; y al final hace alusión a la práctica
sexual del trío. Una interpretación de esta letra podría ser una crítica a cómo
el dinero no trae la felicidad: un estilo de vida lujoso no llena el vacío de
la vida de Bad Bunny. Parcialmente, esto es cierto. Sin embargo, aquí hay que
preguntarse: ¿Cómo es que Bad Bunny toma al lujo? Es decir, ¿Para qué frontea? A mi parecer, una
interpretación errónea sería el tomar al lujo en Bad Bunny como una forma de
distinción per se. Y es que, si prestamos atención a sus letras, él siempre
habla desde el yo: yo alcancé esto, yo
tengo esto, yo soy esto. Su relación con el lujo, y por ende con el fronteo, pareciera no ser atenta a la
mirada ajena.
No debemos olvidar que el género
urbano nació en las clases bajas… abrió las puertas y un futuro para esos
[artistas]. Con el fronteo, estás
mostrando lo que estás haciendo, o sintiéndote
orgulloso de quién eres o de lo que has logrado con esfuerzo y trabajo duro,
subiendo desde abajo [cursivas mías] (Pérez en Soufi, 2023).[v]
El fronteo parece
entonces más como una muestra de reafirmación personal que de una distinción
social (Bourdieu, 1998). El lujo es un signo de loanterior, de un bienestar con
el yo. En tiempos de individualización, “la pasión por el lujo no se alimenta
exclusivamente del deseo de ser admirado, suscitar envidia y ser reconocido por
el otro, sino que en ella subyace igualmente el deseo de admirarse a uno mismo,
de ‘disfrutar de sí mismo’ ” (Lipovetsky, 2013, pág. 58). El consumo de
marihuana y las prácticas sexuales que menciona Bad Bunny van por otra vía
similar: buscan nuevas sensaciones, una nueva experimentación y búsqueda de
placer. Todo lo anterior es un signo de personalización.
Es decir, como dijo Lipovetsky (2022), un proceso que “ha promovido y encarnado
masivamente un valor fundamental, el de la realización personal, el respeto a
la singularidad subjetiva, a la personalidad incomparable” (pág. 7). Pero aquí
es en donde se puede observar el gran contraste que hay entre el fronteo, la expresión de la individualización,
y el cómo Bad Bunny aborda también a las relaciones amorosas. En Otra Noche en Miami el mensaje es claro:
él ha conseguido los estándares para individualizarse, para poder reafirmarse a
sí mismo como una persona exitosa. Y, sin embargo, no es feliz. Extraña la
relación que tenía antes, los vínculos que tenía antes. A partir de este momento,
Bad Bunny hablaría mucho más de las relaciones amorosas, así como su nostalgia
por dichas. Es a partir de este momento donde mezcla el fronteo individualista, estándar del bienestar en las sociedades
contemporáneas, con el fantasma que lo acosará eternamente: las relaciones
amorosas pasadas.
Y este fantasma aparecería
otra vez en 2019 con LA CANCIÓN,
donde colaboró con J Balvin. En una
parte, podemos escuchar lo siguiente: “Pensaba que te había olvidado; Pero pusieron la canción; Que cantamo’ bien
borracho’; Que bailamo’ bien borracho’; No’ besamo’ bien borracho’ los dos”. La
situación que describe la letra es una en donde hay un momento presente;
probablemente el sujeto que describe la canción está en un bar y escucha una
canción que lo lleva a recordar una experiencias pasadas que ahora no lo dejan
vivir el presente. “Yo ni te extrañaba, ni te quería ver; Pero pusieron la
canción que te gustaba poner; Y me acordé de ti, cuando me hiciste feliz; Se
acabó pues me fui”. En “YHLQMDLG” también
podemos ver a este fantasma desde la primera canción, Si Veo a tu Mamá: “Todavía yo te quiero; Pero sé que e’ un error;
Porque ya tú no me quieres; Y sin ti me va mejor”. Pero en donde más explícito
podemos palpar todo lo anterior es, curiosamente, en su álbum más exitoso: Un Verano Sin Ti. Esto se puede constatar
desde el título. El verano remite a una época de descanso, goce, exploración;
está asociado con elementos de la personalización (Lipovetsky, 2014). Sin
embargo, el “Sin Ti” le da un giro completamente distinto: muestra una ausencia que pesa en ese presente; que no deja vivir por
completo a ese momento. Tres canciones de este álbum merecen un examen más
a fondo: Un Ratito, la homónima Un Verano Sin Ti y Agosto. Y es que, en Un
Ratito, Bad Bunny habla explícitamente de cómo en la actualidad, con un
estilo de vida frenético (líquido), no pueden existir relaciones estables. La
canción empieza hablando sobre un futuro incierto: quizá él vuelva con su
expareja (quizá no), para después hablar sobre como “el quizá” no vuelva a ver
a esa persona y quizá le duela o quizá no. Este quizá es una muestra de incertidumbre total. Y la incertidumbre se
muestra en la siguiente parte de la canción:
Pa’ mí que yo nací pa’ estar solo; No
hay una loca pa’ este loco; El tiempo se va y queda poco; Baby, vamos a hacerlo
otra vez, a chingar otra vez; Porque mañana quizá no voy a estar; La luz se
puso roja, hay que parar; O si quieres nos bajamos y podemos perrear; Baby,
esto no fue normal; Con cualquiera no me acuesto; A cualquiera no le meto; Ni
le cuento mis secretos; Me pongo feliz cuando llegan tus textos…
Hagamos un repaso de la
letra. Bad Bunny habla sobre cómo sintió una conexión especial con una persona;
y dicha no fue meramente sexual, sino que también hubo un espacio de intimidad:
le contó sus secretos. Empero, esto no garantiza nada; hay una incertidumbre sobre si esa
relación dure o no. En dado caso, dicha sólo durará un ratito, un presente acechado por un futuro que no promete nada.
Aunque la canción está escrita para esa persona, parece que Bad Bunny se la
está diciendo a sí mismo. En la homónima Un
Verano Sin Ti, es ahora un pasado el que no permite vivir plenamente al
presente: “Y ahora toca un verano sin ti; La estoy pasando bien, no te voy a
mentir; Pero a veces tu nombre no me deja dormir; Pensando en todos los planes
que hicimos; Pero así fue el destino”. Estos son momentos donde los intereses
amorosos pasados acechan al presente. ¿Pero qué ocurre con las canciones donde
Bad Bunny habla de los intereses amorosos en el presente? Si uno mira con
atención, se dará cuenta de que él se aferra a esos momentos con todas sus
ganas; se aferra a la situación que está viviendo con esa persona, ya que en un
futuro uno no está seguro de que eso vuelva a pasar; de que uno vuelva a tener
certeza de que lo que vivió lo pueda conservar. Este es el caso de Agosto, que sigue justo después de Un Verano Sin Ti. La siguiente letra
expresa el aferrarse al presente: “Baby,
vamo’ a hacerlo bajo la’ estrella’; Y que la luna nos grabe; ¿Mañana dónde
estarán? No se sabe; Ojalá y el verano nunca se acabe, nunca se acabe”. En
DtMF, ocurre una situación similar. Basta con ver la portada y el título del
álbum: BeBÍ TiRAR MáS FOToS. Las fotos hacen alusión al recuerdo, como se ve en
DtMF, y en la portada se ven dos sillas vacías. En la canción, dice: “Yo toy en
PR, tranquilo, pero; Debí tirar más fotos de cuando te tuve; Debí darte más
besos y abrazos las veces que pude”.
¿Por qué Bad Bunny en sus canciones
extraña tanto a sus relaciones pasadas? ¿Por qué se aferra al presente, al
momento? Queda claro que la nostalgia que Bad Bunny siente en sus canciones no
es, por decirlo de una forma común, de un “chavo dolido”. En su lugar, la nostalgia que siente es, a mi parecer, un
reflejo de la nostalgia que sentimos por esas relaciones seguras, por esa
intimidad y seguridad que ya no existen (ni existirán) en las sociedades
contemporáneas. Forma parte de una constelación de sentido donde el yo se
ha vuelto la última frontera; donde “hemos dejado de reconocer la obligación de
unirnos a algo que no seamos nosotros mismos” (Lipovetsky, 2014, pág. 12). Bad
Bunny muestra su individualización por medio del lujo, del fronteo. Sigue un estilo de vida líquido. Pero a su vez, expresa el
anhelo de cosas que desaparecen en este mundo, también líquido. Bad Bunny me parece el grito de toda una
generación, la nuestra, sobre las relaciones amorosas, precarizadas, que
vivimos en la actualidad. Y sobre cómo la individualización, la reafirmación
del yo, termina siendo una felicidad
paradójica (Lipovetsky, 2007).
¿Una hauntología festiva o una festividad hauntológica?[vi]
Pero si queremos ver cómo la
nostalgia que Bad Bunny siente por las relaciones amorosas es una nostalgia por
un mundo más seguro en una actualidad llena de incertidumbre, es menester ver
su perspectiva. En efecto, Bad Bunny, sin ser sociólogo, lleva en sus canciones
una concepción sociológica espontánea. Y la constelación de sentido que esboza
muestra un malestar de la actitud que adopta hacia el mundo en el que está
inmerso (mundo en el que nosotros también vivimos y el cuál también
experimentamos). Pero para poder comprender su punto de vista, hay que
comprender la vista de su punto. Si comparamos la ambivalencia que Bad Bunny
comparte en sus canciones con otros cantantes, nos daremos cuenta que él no es
el único que frontea y a la vez
experimenta una profunda nostalgia. Como dice Fisher (2018),
una tristeza secreta acecha detrás de
la sonrisa forzada del siglo XXI. Esta tristeza concierne al propio hedonismo,
y no sorprende que sea en el hip-hop [o también el reguetón] -un género que se
ha alineado cada vez más con el placer consumista durante aproximadamente los
últimos veinte años- donde esta melancolía se haya registrado más
profundamente. Drake y Kanye West tienen una fijación morbosa con la
exploración del miserable vacío que se encuentra en el centro del hedonismo
super acaudalado (pág. 168).
Géneros como el rap, o incluso el pop
actual, propugnan de una forma u otra el hedonismo contemporáneo, tan analizado
por Lipovetsky (2022). Sin embargo, el hedonismo que se muestra en la música da
un giro: la búsqueda de placer conlleva una cierta tristeza. Fisher, analizando
tanto a Kanye West como a Drake, dibujaba un panorama claro: ambos fronteaban y vivían en un lujo eterno, pero eso no bastaba para
llenar un vacío en el que se encontraban. ¿Qué ocurre cuando estamos forzados a
pasarla bien? ¿Acaso podemos combatir esta profunda melancolía con lo único que
podemos hacer, que es con más búsqueda de placer? “El placer se transforma en
una obligación que nunca afloja” (Fisher, 2018, pág. 173). A mi parecer, esto
termina siendo un círculo vicioso; buscamos placer, buscamos la
individualización de nosotros mismos. Pero, aunque unos cuantos lo logran, no
pueden llenar la melancolía que sienten. Y no pueden hacer otra cosa que buscar
más placer, que no llena lo que promete y que sólo acrecienta lo que busca disminuir.
Para Fisher (2018),
‘Hauntología festiva’ [party hauntology] podría incluso ser el
mejor nombre para una de las formas dominantes del pop del siglo XXI: la música
transnacional de discoteca… Pero las deudas con el pasado y el fracaso del futuro
son reprimidas en ella, lo que implica que la hauntología toma una forma negada
(pág. 174).[vii]
En este sentido, podemos
decir también que las canciones de Kanye West y de Drake son ejemplos
paradigmáticos de la hauntología festiva. Ellos cantan, como Bad Bunny, de que
el fronteo, la individualización
material cuasi hedonista no los ha llenado, siguen estando vacíos. ¿Pero cuál
es ese vacío? Ni ellos ni Fisher lo logran responder. Bad Bunny se diferencia
de todos ellos en este sentido: él apunta
al vacío que inunda su hedonismo, y no es ni nada más ni nada menos que a las
relaciones amorosas (o su espectro). Más que llenar una hauntología
preexistente con hedonismo, como lo es el caso de Katy Perry (Fisher, 2018),
Bad Bunny es acechado
en su hedonismo de manera hauntológica. Vive el presente, pero en dicho siempre
llega la nostalgia por sus relaciones pasadas. De este modo, su presente
hedonista se vuelve una festividad hauntológica: él no puede vivir el presente
sin invocar a los fantasmas de su pasado. ¿Pero cuál es entonces ese presente?
¿Cuál es el mundo que hace vivir a Bad Bunny esta festividad hauntológica?
La moda no es tanto signo de
ambiciones de clase como salida del mundo de la tradición; es uno de los
espejos donde se ve lo que constituye nuestro destino histórico más singular:
la negación del poder inmemorial del pasado tradicional, la fiebre moderna de
las novedades, la celebración del presente social (Lipovetsky, 2021, pág. 11).
Lipovetsky (2021) tiene toda
la razón cuando dice que la moda es el fenómeno más singular de Occidente,
puesto que la moda es la máxima expresión del espíritu moderno; refleja el
dominio del hombre (y sólo el hombre) hacia el mundo y hacia sí mismo. Como ya
no hay ningún centro que nos condicione en la vida, podemos experimentar
constantemente con nuevos “orientadores” de nuestra vida. Sin embargo, hoy en
día, la dinámica de la moda se libera: como no hay ningún marco disciplinario
que la enmarque, la renovación constante inunda a todos los aspectos de las
sociedades. Lipovetsky (2021) vio esto en El
imperio de lo efímero, pero ¿Quién diría que llegaría hasta un ámbito tan
personal como las relaciones sociales? La experimentación constante ha hecho
todo efímero. Y esto hace que “las precarias condiciones sociales y económicas
entrenan a hombres y a mujeres (o los obligan a aprender por las malas) para
percibir el mundo como un recipiente lleno de objetos desechables, objetos para usar
y tirar; el mundo en su conjunto, incluidos los seres humanos” (Bauman,
2003, pág. 172). El capitalismo tardío nos ha obligado a hacer líquido todo, incluidas nuestras
relaciones sociales. A todos, como dice Beck (2002), se nos promete la
individualización como la última frontera: encontrar
quienes somos. Sin embargo, esta tarea también se convierte en una
experimentación constante. Por ende, hoy en día estamos forzados a poder
abandonar los vínculos que uno forma para buscar otros nuevos, para
experimentar constantemente y ver si las próximas relaciones no nos traen más placer, nos dejan ser la
<<mejor versión>> de nosotros mismos (en tanto que hemos
experimentado el mayor placer y bienestar posible).
Esto no hace más que dejar a
un lado las relaciones duraderas: uno ya no tiene a alguien en quien pueda
confiar, que lo pueda proteger, que sea un lugar seguro tanto para él como para
esa persona. La nostalgia que Bad Bunny tiene por esas relaciones pasadas me
parece una metáfora sobre el anhelo de relaciones seguras en estos tiempos de
incertidumbre; sobre cómo no terminamos por aceptar completamente la huida
hacia delante de la individualización como un destino inevitable. Bad Bunny expresa perfectamente cómo, en
cambio, frente a este presente, vivimos extrañando una seguridad, relaciones
estables, relaciones duraderas. La situación que Bad Bunny refleja en sus
canciones es paradójica. Él vive en este mundo líquido, donde uno no debe de
atarse mucho a las cosas, ya que puede que lleguen oportunidades mejores. Esta
es la angustia que sentimos todos; estamos forzados a estar en el continuo
devenir, esperando siempre que todo fluya para que lo que tenemos desaparezca,
y lo nuevo venga. ¿No debería ser esto un aire de emancipación? ¿De poder
movernos libremente? En teoría, tenemos más opciones; opciones para vivir en el
presente. Y, sin embargo, Bad Bunny no vive el presente como se le promete el
mundo. Sino que quiere volver a las relaciones pasadas, volver a un sólido, por
así decirlo.[viii]
Porque pareciera que el remedio del malestar que causa esta suspensión
hacia un presente no se encuentra en el futuro, sino en el pasado. ¿Por qué
ocurre esta situación tan curiosa?
Para ver eso, hay que prestar
atención a cómo Bad Bunny habla de sus problemas. Y es que lo hace de una forma
bastante peculiar, puesto que siempre
habla desde su subjetividad, desde el yo. Así como el fronteo que hace viene desde la experiencia de la
individualización, la nostalgia por las relaciones seguras también viene desde
una perspectiva individualizada. No hay que hacer de menos el punto de vista
desde el cual habla; la subjetividad puede ser un excelente punto de partida
para ver cosas que no se habían visto antes. Basta recordar las enseñanzas que
nos ha dejado el feminismo radical con la frase “lo personal es político”. Como
bien dice Acuña (2010),
en términos prácticos, las mujeres
activistas interpretaron esta idea como una invitación a ‘romper el silencio’,
llevar a la discusión pública temas considerados como propios de la vida
privada: la violación por parte del cónyuge, la violencia ejercida por la
pareja en contra de las mujeres, el aborto, etcétera (pág. 92).
‘Romper el silencio’ implicaba reconocer el poder que
se daba dentro de la esfera privada para así tomar una acción política. Bad
Bunny reconoce (o sólo conoce) la esfera privada, pero, ¿Podemos decir que
rompe alguna clase de silencio? Esto implicaría que se sigue manteniendo una
división tajante entre lo público y
lo privado. ¿Pero acaso esto se
mantiene?
Para el individuo, el espacio público
no es mucho más que una pantalla gigante sobre la que son proyectadas las
preocupaciones privadas sin dejar de ser privadas ni adquirir nuevos valores
colectivos durante el curso de su proyección: el espacio público es donde se
realiza la confesión pública de los secretos e intimidades privados (Bauman,
2003, pág. 45).
Lipovetsky (2021) ya
mencionaba sobre cómo, cuando la moda salía de la esfera del vestido e inundaba
todos los aspectos de la vida cotidiana, las celebridades bajaban de un
pedestal y ahora confeccionaban la personalidad como su mayor atractivo. Pero
esto también tiene un efecto inesperado, puesto que, si concebimos a las
estrellas como individuos, estas expresarán simples problemas individuales. Bad
Bunny expresa el malestar al que nos lleva la individualización, pero tampoco
puede escapar de la individualización misma: expresa todo de manera atomizada.
Tampoco hay que culparlo por eso; él nos dice demasiado de nuestra sociedad,
incluyendo esa falta de articulación de un nosotros, esa falta de tomar la
acción política después de reconocer que las experiencias personales son
políticas y que tienen causas estructurales. Como señaló Fisher (2018), “allí
donde la autoconciencia señaló estructuras impersonales y colectivas -ocultas
por la ideología capitalista y patriarcal-, el neoliberalismo solo ve individuos,
elecciones y responsabilidades
personales” (pág. 131). Bad Bunny muestra
una autoconciencia sin conciencia, puesto que es consciente de su subjetividad,
pero no va más allá. Muestra como la individualización no nos permite ver
que las experiencias personales son todo menos personales; como todos, en este
mundo ligero, sufrimos todos, por lo hacemos solos.
Y, además de ver eso, Bad
Bunny también nos muestra como los espacios de privacidad han desaparecido
completamente en el capitalismo tardío. Como lo privado ha inundado todos los
espacios, y ahora no se ve más que a sí mismo, nosotros no podemos vernos más
que a nosotros mismos. Estamos forzados a vernos sólo a nosotros mismos. Bad
Bunny no hace otra cosa: los problemas de los vínculos afectivos terminan en
canciones masivas, se exponen de manera privada en un espacio público como
meros problemas privados. Hasta ahí llega la conciencia de la experiencia
subjetiva. Pareciera que nuestra subjetividad, nuestro ser, tiene que ser lo
único de lo que podemos hablar, lo único de lo que podemos ser. “Al parecer, no nos complace en absoluto
tener secretos, a menos que sean secretos capaces de realzar nuestro ego
atrayendo a editores de talk-shows televisivos,
primeras planas de tabloides y tapas de revistas ilustradas” (Bauman, 2011,
pág. 122). Pero tampoco hay que ser tan duros; si no nos complace tener
secretos, es porque el mundo no está hecho para que estos existan. Esta
situación recuerda mucho a lo que describe Baudrillard (2000) cuando habla del
look:
cada cual busca su look. Como ya no es posible definirse
por la propia existencia (¡uno ya no se mira, se acabó la seducción!), sólo nos
queda hacer un acto de apariencia sin
preocuparse de ser, ni tampoco de ser observado. No es: yo existo, estoy ahí,
sino: soy visible, soy imagen, look,
look! (págs. 21-22).
Sólo podemos hablar de nosotros mismos, o en dado caso
de los demás como individuos; el acto de apariencia parece más un exorcismo de
individualización. En un exorcismo, se hace un ritual donde se le saca a una
persona una entidad maligna; se trata de separar a esa entidad maligna de la
persona “normal”. Pero hoy en día ya no hay ninguna entidad maligna, sino que
esa entidad se vuelve nuestra subjetividad. Bad Bunny muestra cómo las
fronteras de lo que percibimos, pensamos y accionamos son las problemáticas
individuales. El look muestra como nosotros ahora borramos las divisiones entre
el yo exterior, el yo “aparente”, y el yo sensible, íntimo.[ix]
Sea como fuere, esta
constelación de sentido, que adopta esta forma y que elimina por completo la
intimidad, es en donde se expresa el anhelo, la nostalgia por la intimidad. Ese
es el efecto que hace Bad Bunny, que se aferra al pasado o al presente, pero
nunca al futuro, nunca entusiasmado por la huida hacia delante de la modernidad
líquida, incapaz de verse (o vernos nosotros en él) más que como una
problemática individual. Cómo si sólo existiera la obsesión por huir hacia
adelante, aunque ese adelante ya no tenga nada original que ofrecer.
A manera de conclusión.
Terminando de
escribir estas breves reflexiones sobre una expresión cultural, como lo que
expresa la música de Bad Bunny, me surgió la duda sobre ¿Cómo conectar el
análisis de un fragmento cultural con un análisis más general sobre la cultura
sobre la cual estamos inmersos? Mejor aún, ¿Cómo es la hegemonía que se
mantiene dentro de esta cultura? Responder estas preguntas no es nada fácil.
Pero creo que este esbozo brinda las huellas a seguir si uno quiere adentrarse
en análisis de productos culturales actuales. Y es que, cualquiera que se
interese por rescatar el espíritu de Marx y las ideas de Gramsci en el siglo
XXI, debe tomar algo muy importante en cuenta: las relaciones de fuerza han
entrado en una fase completamente nueva. Pareciera que el mayor logro de la
hegemonía cultural actual es mantener la constelación de sentido de la
individualización. Y esto va tanto de manera significativa, como la he abordado
ahí, como de manera técnica
(véase la nota ix). Pensemos en el lujo en Bad Bunny, la reafirmación de uno
mismo. Así se muestra en el imaginario el yo,
yo y yo: como dice Lipovetsky, hemos dejado de preocuparnos por algo que no
seamos nosotros mismos. Pero, asimismo, esta individualización muestra
problemas: el anhelo o melancolía que existe por las estructuras sociales
pasadas; la negación por entregarse a estas relaciones frágiles y efímeras
provocadas por el capitalismo tardío. La hegemonía cultural reconoce esto: si
no, las canciones de Bad Bunny no serían ni remotamente conocidas.
Pero, Bad Bunny muestra el
anhelo de relaciones pasadas reafirmando que estas relaciones pasadas ya no
pueden volver a ocurrir. Es una mera reafirmación de los males que sufrimos,
pero no hay ningún <<nosotros>> que sufra esto. Somos un conjunto
de átomos que sólo se queda en eso, en un conjunto de átomos. ¿Cómo se
relaciona la hegemonía cultural actual con esto? ¿Acaso nos hace incapaces de
pensar en un futuro posible, en una unión de solidaridad y confianza que ya no
existe? Gramsci (2023) decía que los grupos dominantes eran tales porque tenían
algo que ofrecer y, en mayor o menor medida, reconocían algunos intereses de
los subalternos. Aquí, la hegemonía
cultural reconoce esta nostalgia, este anhelo por las relaciones pasadas.
Pero sólo las verifica, se contenta con que podamos empatizar con estos
problemas, puesto que ha eliminado por completo la conciencia de clase. Ese es
el giro de 180° que ha dado la hegemonía: nos impide pensar una clase unida,
con experiencias en común y una solidaridad. Estamos condenados a mantener
nuestro look, a no ver más allá de esta constelación de sentido de la
individualización. Así es como se mantiene el statu quo. Bad Bunny,
inconsciente o inconscientemente, muestra como sufrimos las consecuencias de
este capitalismo tardío, pero lo hacemos solos.
Trabajos citados.
Acuña, I. (2010). "Lo personal es
político": de lo privado a lo público y viceversa. Intersticios, 15(32), 9g1-109.
Baudrillard, J. (2000). Pantalla total. Editorial Anagrama.
Baudrillard, J. (2009). El crimen perfecto. Anagrama.
Bauman, Z. (2003). Modernidad Líquida. Fondo de Cultura Económica.
Bauman, Z. (2011). Daños colaterales. Desigualdades sociales en la era global. Fondo
de Cultura Económica.
Beck, U. (2002). La sociedad del riesgo global. Siglo XXI Editores.
Bourdieu, P. (1998). La distinción. Criterio y bases sociales del
gusto. Editorial Taurus.
Fisher, M. (2018). Los fantasmas de mi vida. Escritos sobre depresión, hauntología y
futuros perdidos. Caja Negra Editora.
Flores, G. (10 de julio de 2023). ‘Un Verano Sin Ti’ de Bad Bunny ya es el
álbum más reproducido de la historia de Spotify. Obtenido de Billboard:
https://www.billboard.com/espanol/noticias/bad-bunny-un-verano-sin-ti-a
lbum-mas-reproducido-historia-spotify-1235368962/
Gramsci, A. (2023). Antología. Siglo XXI Editores.
Lash, S. (2005). Crítica de la información. Amorrortu Editores.
Lipovetsky, G. (2007). La felicidad paradójica. Ensayo sobre la
sociedad de hiperconsumo. Editorial Anagrama.
Lipovetsky, G. (2013). Lujo eterno, lujo
emocional. En G. Lipovetsky, & E. Roux, El
lujo eterno. De la era de lo sagrado al tiempo de las marcas (págs. 11-97).
Editorial Anagrama.
Lipovetsky, G. (2014). El crepúsculo del deber. La ética indolora
de los nuevos tiempos democráticos. Editorial Anagrama.
Lipovetsky, G. (2021). El imperio de lo efímero. La moda y su
destino en las sociedades modernas. Editorial Anagrama.
Lipovetsky, G. (2022). La era del vacío. Ensayos sobre el
individualismo contemporáneo. Editorial Anagrama.
Marx, K. (2023). El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Siglo XXI Editores.
Schütz, A. (1993). La construcción
significativa del mundo social. Introducción a la sociología comprensiva. Ediciones
Paidós.
Soufi, D. (31 de octubre de 2023). It’s called ‘flexing’: How Bad Bunny shows
off money, materials and power without looking like a jerk. Obtenido de El
País English:
https://english.elpais.com/culture/2023-10-31/its-called-flexing-how-bad
bunny-shows-off-money-materials-and-power-without-looking-like-a-jerk.h
tml
[i] Quiero agradecer a Sofía Godínez,
Regina Escobar y Mauricio Flores por sus comentarios, reflexiones y críticas
sobre mi escrito. Soy responsable de cualquier malentendido y postura tomada en
este ensayo.
[ii] Asimismo, que él sea uno de los
artistas más escuchados del planeta y que Un
Verano Sin Ti haya sido el álbum más escuchado de la historia de Spotify
(Flores, 2023) nos da un indicio de que Bad Bunny representa, de una forma u
otra, a nuestras sociedades. En este sentido, podemos invertir la pregunta
sobre ¿Cuál es el sentido que él le dio a
sus canciones? Para preguntarnos ¿Qué
sentido le damos nosotros a sus canciones?
[iii] Traducción mía del inglés “a
manifestation of status and self-affirmation that reinforces the artist’s personal mythology”.
[iv] Por cuestiones de espacio, sólo
analizaré aquí las canciones que sean más significativas. Su discografía es muy
amplia, y no todas sus letras hablan de desamores. Sin embargo, el desamor es
un tema recurrente en sus canciones, y por lo mismo merece que se le preste
atención.
[v] Traducción mía del inglés “we mustn’t
forget that the urban genre was born in the lower classes… it opened doors and
a future for these [artists]. With flexing, what you’re doing is showing off,
or feeling proud of who you are or what you’ve achieved with effort and hard
work, coming up from below.”
[vi] “Suspendidos por la eternidad, nunca
liberados, sin que su complicada situación -y de hecho su proveniencia- fueran
nunca explicadas del todo, la reclusión de Sapphire y Steel [una serie
británica de ciencia ficción] en ese café situado en ninguna parte es profética
de una condición general, en la que la vida continúa, pero el tiempo de algún
modo se ha detenido” (Fisher, 2018, pág. 30).
[vii] Es importante aclarar qué se entiende
por hauntología. Y es que, aunque
Jacques Derrida empleó el término en Espectros de Marx, el uso que le da Fisher
es distinto. En este ensayo, tomaré a la hauntología como una invocación del
pasado, en forma de espectro, que acecha a un presente. Esto no sólo nos dice
que no hay un presente puro y duro, y que siempre hay ausencias del pasado que
se quedan flotando en el presente. En la actualidad, es un síntoma de nuestra
incapacidad de producir símbolos y constelaciones de sentido nuevas para
afrontar un destino que se ha vuelto tanto incierto como inseguro.
[viii]
Le debo esta idea a Mauricio Flores, con quien estoy en
deuda.
[ix] Por otro lado, las tecnologías de la
información y la comunicación contribuyen enormemente en estos exorcismos.
Aunque no lo desarrollé en este ensayo, son las tecnologías las que hacen que
construyamos nuestra subjetividad (o nuestra presentación) a través de ellas.
Lash (2005) ha mostrado muy bien cómo la tecnología ha eliminado los espacios
fuera-de-lo-simbólico. Y esto cuenta también para la producción simbólica de
las subjetividades. Desde cierto punto de vista, podemos decir que la
tecnología ha provocado lo que Baudrillard (2009) ha descrito como un mundo
transparente: un mundo donde ya no existe una realidad objetiva preexistente y
su representación. Así, tanto los signos como nosotros circulamos en un mismo
plano; un plano hiperreal desde la perspectiva de Baudrillard. En un escrito
próximo profundizaré más sobre todo esto.

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